¿Cuántas veces se ha echado al buzón una cartita con destino a Laponia con esta petición? Muy probablemente nosotros mismos la escribimos de pequeños, y ahora leemos la caligrafía algo infantil de nuestros hijos con esa súplica que les sale del corazón. Pero regalar un cachorro en Navidad, ¿es realmente una buena idea?

Una elección para toda la vida

¿Cómo no cumplir el deseo del propio hijo? Sobre todo cuando la petición es tan sana y dulce como la de tener un cachorro en casa. Sobre todo si se lo pide a Papá Noel. Es difícil defraudar las expectativas de un niño, y muy a menudo acabamos complaciéndole aunque nos cueste algún sacrificio. Y para hacerlo caemos en un torbellino de preguntas que nos hacemos a nosotros mismos, pero con tal de no decepcionar a un niño fingimos que estamos dispuestos a todo; vamos a un buen criadero y compramos un cachorro a un precio vertiginoso que requerirá tantos cuidados de los que no teníamos ni idea.

Y así, el cachorro tan deseado se convierte muy pronto en un arrepentimiento. Intentemos hacer una especie de recordatorio con todos los pros y los contras de dejar que Papá Noel regale un cachorro de perro a nuestro hijo. Un cachorro que durante los próximos diez años, como mínimo, vivirá con nosotros. Formará parte de nuestra vida y habrá que tenerlo en cuenta en nuestras decisiones; ya sea en las vacaciones o en una mudanza, el perro siempre tendrá su importancia.

¿Estamos preparados para esta responsabilidad?

El primer punto, lo más obvio y sencillo en lo que nos fijaremos de inmediato, será el precio. Iremos a un criadero porque el niño quiere el perro del anuncio del papel higiénico, y nos pedirán poco menos de mil euros… quizás. ¿Estamos realmente preparados para este gasto? Puede que sí, pero tal vez antes deberíamos considerar la idea de darnos una vuelta por el refugio de animales; con la esperanza de encontrar una familia que lo adopte, seguramente habrá un precioso cachorro de ojos dulces, listo para crecer junto a nuestro hijo como si fuera un hermano.

El segundo punto, y no es un detalle menor: esa bolita de pelo que estamos a punto de traer a casa, suave como el algodón y con ese hociquito diminuto y delicado que parece que nunca vaya a crecer, podría alcanzar pesos insospechados. Es fundamental, antes de la compra, informarse sobre la raza que estamos eligiendo, porque un cachorro de San Bernardo al nacer no pesa más de 800 gramos, pero puede llegar a 90 kg de adulto… por ejemplo. Incluso si decidimos adoptar un mestizo, tratemos de acudir a un refugio y no a un particular que los regala por internet, ya que el refugio será más honesto también con las previsiones de crecimiento.

¿Nos podemos permitir regalar un cachorro en Navidad?

Pasemos a otro punto delicado: ¿cuánto cuesta mantener a un perro? No se trata solo de comprarlo, ese es un problema que se puede resolver yendo al refugio, precisamente. Un perro debe alimentarse de forma correcta, ir al veterinario con frecuencia para vacunas, microchip, control del crecimiento y todo lo demás. Y eso tiene un coste. Además podemos tener la mala suerte, y esto hay que tenerlo en cuenta, de enamorarnos de un perro que, de forma inesperada, tenga o vaya a tener problemas de salud. En ese caso, el veterinario se convertirá en nuestro mejor amigo, porque deberemos cuidarlo como a un miembro de la familia, porque eso es lo que es.

Un cachorro no es un juguete, y no se puede devolver ni tirar porque esté roto; no se puede y, sobre todo, no se debe. Por lo tanto, mantener a un perro tiene un coste que puede variar según la raza, la salud y la genética del cachorro que adoptemos. Por último, y no menos importante, está el factor tiempo. El perrito necesita mucha atención, casi como un hijo. Hay que jugar con él, cuidarlo, sacarlo a pasear al menos dos veces al día. Y si llueve, si nieva, si hay 40 grados a la sombra, da igual, hay que hacerlo. Porque él lo necesita, y eso es un factor innegociable.

Claro que sí…

Hemos hecho una lista de algunos de los posibles contras de dejar que Papá Noel coloque un maravilloso cachorro bajo el árbol de nuestro hijo. Pero también habrá pros, ¿verdad? Estamos seguros de que en el fondo de vuestro corazón ya los conocéis. Imaginad la alegría incontenible que veréis en los ojos de vuestro hijo cuando encuentre bajo el árbol al cachorro con un bonito lazo rojo atado al collar. Imaginad el amor, la confianza, la lealtad que veréis, en cambio, en los ojos del propio cachorro, que pronto se convertirá en un perro adulto dispuesto a sacrificar su vida por vosotros y por vuestra familia.

La alegría de alguien que te recibe en la puerta cuando vuelves a casa cansado del trabajo. Las caricias, los abrazos, todas las satisfacciones que vuestro perro os dará. Será un fiel amigo para vuestro hijo, a quien vosotros le enseñaréis a relacionarse con el perro sin tratarlo como un juguete. Le acompañará en el juego, le consolará de las caídas y de los regaños. El perro le enseñará a vuestro hijo el significado de la palabra amistad. Y le enseñará a asumir la responsabilidad de otra vida que se confía a él, aunque detrás de él estemos nosotros para ayudarle. Juntos descubrirán el juego, el respeto al espacio ajeno, la fraternidad. Regalar un perro a un niño puede ser la decisión más acertada que podáis tomar, pero hacedlo con la conciencia necesaria. Hacedlo por los motivos correctos, y con el corazón.