¿El gato tiene celos del perro o del dueño? No se alarmen, no es una situación inusual; los gatos pueden ser celosos, sobre todo de sus espacios, ya que son animales de costumbres. Por ello, el gato puede mostrar celos hacia cualquier nuevo animal que entre en su entorno e incluso hacia su dueño. Descubramos el comportamiento de los gatos celosos y qué hacer…
El gato tiene celos del perro o del dueño
Cuando se habla de celos en el mundo animal, se entra en el ámbito específico del comportamiento y de la etología. El amor, el afecto, el odio, el resentimiento y los celos son sin duda sentimientos que no todos reconocen en los animales, ya que estos responden a leyes naturales orientadas a la supervivencia y a la economía de recursos (ahorro máximo de energía). Los animales, a diferencia del ser humano, no gustan de desperdiciar energía inútilmente, ni siquiera cuando juegan: también en ese caso adoptarán estrategias encaminadas a obtener el máximo con el mínimo esfuerzo.
Sin embargo, es indudable que los animales domésticos demuestran sentimientos hacia su dueño, especialmente los perros. En cuanto a los gatos, cualquier cat lover que se precie puede afirmar sin ninguna duda que ellos también se encariñan con su dueño, y no solo con la casa o el entorno.
Algo es seguro: nuestro minino puede sentir celos especialmente cuando se crean situaciones nuevas e inesperadas que alteran las costumbres del gato. Los gatos son animales de hábitos y muy independientes; les gusta moverse libremente sin obstáculos ni limitaciones en su entorno, por lo que ante una nueva llegada (adoptar un segundo gato, un perro o la llegada de un bebé) pueden ponerse nerviosos y mostrar celos.
En general, los celos en el gato surgen como consecuencia de una alteración de su libertad y de su rutina diaria. Luego, obviamente, depende de cada gato, porque cada uno tiene su propia personalidad.
Comportamiento de los gatos celosos
¿Cómo se reconoce a un gato celoso? Antes de responder a esta pregunta, es necesario hablar del carácter del gato. Se trata de su minino, así que debería conocerlo bien en sus manifestaciones y saber si es un gato dominante o no.
Un gato dominante es, por ejemplo, aquel que no tiene ningún reparo en bufar o volverse agresivo si algo no le gusta, mientras que un gato menos dominante puede ser aquel que tiende a esconderse. Luego están los gatos mimosos, los que se denominan gatos-perro, es decir, se comportan como los perros, les siguen a todas partes y piden caricias, caricias y más caricias.
En función del conocimiento que tienen de su gato, hemos tomado como referencia tres tipos de personalidad felina: dominante, tímido y mimoso.
No siempre es fácil identificar los celos del gato, ya que incluso dentro de estas tres categorías muy generales existe una infinidad de variantes. Además, hay que tener en cuenta qué ha cambiado, es decir, ¿quién ha llegado a alterar la tranquilidad del gato?
Haciendo referencia a los tres tipos de personalidad mencionados anteriormente, es lógico que el gato dominante pueda mostrar celos y volverse agresivo. Con la llegada de un nuevo cachorro, será fácil ver al gato que bufa contra el recién llegado, mostrará sus garras y tenderá a aferrarse a sus propios espacios.
Si se encuentra ante otro gato adulto o un perro, habrá que observar el carácter de ambos. Podría ocurrir que los recién llegados se impongan y reduzcan el espacio del dominante, poniéndolo en fuga. Con frecuencia estas situaciones terminan en peleas que, en caso de igualdad, llevarán a los animales a ignorarse mutuamente por el bien de la convivencia. Por ejemplo, hay gatos dominantes que aceptan al perro pero no a otro gato.
El gato tímido ante las nuevas llegadas, tanto de cachorros como de adultos, podría acentuar su costumbre de esconderse con mayor frecuencia. Mientras que el mimoso podría reclamar al dueño aún más caricias, con el objetivo de quitárselas al recién llegado. Pero ¿qué hay que hacer si descubrimos que tenemos un gato celoso?
Qué hacer si tenemos un gato celoso
Es muy importante en estos casos hacerle entender al gato celoso que nada ha cambiado. Los cuidados, el amor y las caricias siguen siendo los mismos, al igual que sus espacios. Esto significa que al recién llegado nunca se le deberá tratar con mayor atención que al anterior (independientemente de si se trata de un perro, otro gato o un novio o novia), especialmente delante de este último, pues de lo contrario generarán inseguridades en el gato.
Al gato celoso le importa poco que se trate de un humano o de otro animal doméstico, porque su preocupación es defender sus propios espacios y sus propias costumbres. Por eso, nunca le ofrezcan al recién llegado (perro o gato en este caso) los juguetes del anterior. Del mismo modo, no deberán regañar al gato antiguo si muestra agresividad hacia el recién llegado.
Cuando el tamaño importa: por ejemplo, si tienen un gato y llega un novio o novia con un dóberman, intenten evitar los enfrentamientos hasta que se acostumbren el uno al otro. Si el primer minino comprende que el recién llegado no modificará sus costumbres, dejará de ser un gato celoso.