El bozal no es algo que los dueños de perros aprecien especialmente; el motivo es bastante claro, con solo mirarlo transmite restricción y sacrificio. ¿Quién tiene ganas de ponerle un bozal a su perrazo? Pero todos sabemos que hay situaciones en las que puede resultar muy útil, si no indispensable. Dejando de lado por un momento el hecho de que existe la obligación de llevar un bozal consigo si se lleva al perro a un parque público, hay ocasiones en que es necesario ponérselo por distintos motivos. El primero es, naturalmente, un perro mordedor, tendencialmente agresivo. Pero también podría ser una necesidad relacionada, por ejemplo, con una intervención que haya sufrido el propio perro; en algunos casos, de hecho, el bozal puede sustituir incluso un collar isabelino. A la luz de esto, intentemos entender cuándo es necesario un bozal para el perro y en base a qué criterios elegirlo.

Cuándo comprar un bozal para el perro

Un bozal debe comprarse en el momento en que se decide tener un perro, especialmente si tenemos intención de sacarlo a pasear por un parque público. Existe una ley que nos obliga a ello y debe respetarse. Pero ya hemos visto que existen varios motivos para poner un bozal, y también en función de esto elegiremos el modelo más adecuado. Empecemos por el principio.

Para elegir un bozal para el perro hay que considerar ante todo la raza canina y la conformación del hocico. Un perro braquicéfalo como el mastín no tendrá el mismo bozal que un Border Collie, por ejemplo. Y en consecuencia, un Carlino no tendrá la misma talla de bozal que un Terranova. Todas cosas obvias, pero que hay que tener en mente en el momento de la compra; por este motivo es sin duda recomendable llevar al perro consigo y probar el bozal si es posible.

Tipos de bozal para perros

Existen numerosos modelos, todos útiles en determinadas circunstancias... o casi. Hagamos como si el bozal tipo pico de pato no existiera, porque difícilmente encontraríamos un motivo válido para comprarlo. Pasamos directamente al bozal de tira. Se trata de un modelo blando, que tiende a cerrar la boca del perro con una consistente tira de tela. Muy útil si tenemos un perro de temperamento muy tranquilo y perfectamente socializado. En este caso solo nos servirá para llevarlo siempre encima, tal como establece la ley.

En el caso de un perro que muerde no es útil, porque no es seguro. La contraindicación de este tipo de bozal es que no deja abrir bien la boca al perro, impidiéndole una buena respiración e hidratación especialmente en los períodos más calurosos. Por consiguiente, está bien para llevarlo puesto algunos minutos en caso de necesidad, pero no es adecuado para paseos largos ni para perros demasiado nerviosos.

Bozal de jaula

El bozal de jaula es sin duda el más funcional, y permite al perro beber libremente del cuenco. En concreto, existen también varios modelos de este tipo, y distintos materiales. Por ejemplo, los de plástico son relativamente delicados, y poco adecuados para el perro que no acepta el bozal y que por tanto tiende a restregarse el hocico por el suelo, rompiéndolo en poco tiempo. Mucho más robusto es el metálico, adecuado para perros especialmente mordedores e inquietos. También hay que valorar la anchura de las mallas, que si son demasiado amplias no solo no pone en seguridad al perro, sino que tampoco ayuda en el caso de que nuestro amigo tenga el mal y peligroso hábito de recoger e ingerir pequeños objetos del suelo.

Tengamos presente que, si se elige un bozal de jaula, probablemente es porque queremos asegurarnos de que nuestro perro no pueda hacerle daño a nadie, ni siquiera de forma involuntaria. Consideremos esto cuando elijamos el modelo también en función del precio; un bozal sirve principalmente para garantizar la seguridad. La talla también es fundamental; es obvio que un bozal pequeño no permite al perro abrir bien la boca y por tanto no favorece una buena respiración. Pero un bozal grande también puede moverse demasiado irritando el hocico del perro y puede incluso resbalarse.

Cómo ponerle el bozal al perro

Para hacer que el perro lleve el bozal lo primero de lo que debemos proveernos es de paciencia. Claro, hay esos perrotes buenos y tranquilos que se dejan hacer más o menos de todo, pero en general si decidimos ponerle el bozal al perro es porque nuestro amigo es cuando menos exuberante. Poner el bozal no puede ni debe ser una imposición; por este motivo el perro debe familiarizarse con el objeto de manera lenta y gradual, y sin traumas. Es importante que sepa llevarlo puesto, porque podríamos encontrarnos en la necesidad de ponérselo rápidamente, por ejemplo en el veterinario o de paseo, en un momento de particular agitación de nuestro perro. Entonces, ¿cómo hacerlo?

Hagámoselo conocer poco a poco; llevemos el bozal en la mano con frecuencia cuando jugamos con el perro y dejémosle olfatearlo, pero sin morderlo. Siempre con el bozal en la mano, intentemos sujetar el hocico del perro con la mano libre durante unos instantes, sin apretar ni forzar demasiado. Poco a poco nuestro amigo deberá acostumbrarse a este jueguecito, y cuando se revuelva diremos un no seco, volviendo a sujetarle el hocico durante unos instantes siempre con mucha delicadeza. Cuando logre someterse a esta maniobra haremos lo mismo, acercando el bozal, que a estas alturas ya habrá aprendido a reconocer.

Otra opción puede ser colocar un bocadito al fondo del bozal y acercarlo al hocico del perro sin empujarlo a la fuerza. Si hemos tenido cuidado de dejárselo con el que jugar durante un tiempo, debería meter el hocico él solo. Naturalmente existen casos en los que no hay manera, no se consigue ponerle el bozal al perro. Pues bien, en este punto la única solución, según nuestra opinión, ¡es pedir la ayuda de un adiestrador mucho más experto que nosotros!