No hay duda de que tener un perro en nuestra vida es una de esas experiencias que te enseñan lo que es el amor; esa mirada adorable y la sensación de que la vida de nuestro perro gira exclusivamente en torno a nosotros satisface nuestra necesidad humana de ser el centro del mundo de otro ser, ya sea una persona o un perro. Pero ¿qué ocurre si tenemos un perro que muerde a su dueño? ¿Se rompe el idilio? ¿Nuestra relación cambiará para siempre? ¿Nos veremos obligados a tenerle miedo a nuestro mejor amigo?

Absolutamente no; es lógico que nos afecte, pero no debemos preocuparnos: nuestro adorado perrito jamás hará algo con la intención de hacernos daño. Si un perro muerde a su dueño, hay un problema de fondo que debemos descubrir y resolver; así todo volverá a ser como siempre y nuestra historia de amor podrá continuar sin interrupciones durante todo el tiempo que tengamos para vivir juntos.

Si el perro que muerde a su dueño está vacunado

Para quedarnos tranquilos, aclaremos que si nuestro perro nos muerde no hay motivo para preocuparnos excesivamente por nuestra salud: el mayor peligro, la rabia, está erradicado en nuestro país y, por tanto, no es necesaria ninguna vacuna para esta enfermedad. Lo que sí es importante es desinfectar de inmediato la mordedura del perro; lo mejor es lavar bien la zona con agua y jabón y desinfectar después con agua oxigenada.

Si la mordedura no es muy profunda, basta con acudir al médico de cabecera y valorar si conviene o no tomar un antibiótico; si, en cambio, la mordedura del perro es muy extensa, es preferible ir a urgencias y que cierren la herida con puntos si fuera necesario. Añadimos, para mayor claridad, que en el caso de que la persona mordida no tenga la vacuna del tétanos, ponerse la antitetánica es siempre una buena idea aunque el perro sea el nuestro; tengamos en cuenta que en la boca del perro se alojan bacterias que podrían causarnos infecciones.

Qué hacer si mi perro me ha mordido

Lo primero que hay que tener en cuenta si el perro muerde a su dueño es la edad del animal; es bien sabido que los cachorros tienen tendencia a morder todo y a todos. Esto se debe a que, al igual que los niños pequeños que se llevan todo a la boca, utilizan este método para experimentar, conocer cosas nuevas y aprender a gestionar las emociones. Si jugamos con un cachorro, comenzará a sobreexcitarse y a mordisquear nuestras manos; es normal, aunque es importante hacerle entender al pequeño que no es la forma correcta de comunicarse con nosotros.

Regañarle y usar un tono o una actitud amenazante no es una buena idea: solo le haríamos daño, ya que es pequeño y necesita que lo eduquen. Una excelente solución para el cachorro que muerde es decir de inmediato un "no" firme y mirarlo con gesto ofendido, algo que él percibirá perfectamente; levantarse y apartarlo con suavidad de nuestra mano, y ofrecerle un juguete para perros con el que morder, algo que no puede faltar en ningún hogar que tenga un perro, sea cual sea su edad. De este modo, el cachorro entenderá que puede morder su juguete y nosotros podremos recompensarlo y mimarlo, para que comprenda que eso nos agrada, a diferencia de cuando nos mordía la mano.

Si mi perro me ha mordido y no es un cachorro

Pero si el perro ya no es un cachorro, ¿qué ocurre cuando quien nos muerde es nuestro amigo en edad adulta? Hay varias razones por las que un perro adulto puede morder a su dueño, y ninguna de ellas es imputable al animal. Si nuestro perro no está educado de la manera correcta, podría tender a creer que es el sujeto alfa de la casa; muchas razas son por naturaleza dominantes y, si no les enseñamos correctamente quién manda, podrían imponerse sobre nosotros y, si percibe una reacción nuestra que puede interpretar como una amenaza, podría mordernos.

Entonces, si el perro me muerde, ¿qué podría hacer? Bien, muy probablemente podríamos acudir a un educador canino, una persona experta que nos ayude a manejar a nuestro perro, que quizás tiene un carácter algo difícil. Con mucha más frecuencia, sin embargo, la mordedura de un perro es la reacción a algo que está ocurriendo en ese momento. Si, por ejemplo, el perro está muy concentrado en alguna actividad y nos acercamos sigilosamente, corremos el riesgo de asustarlo; en ese caso, la mordedura es su reacción instintiva ante un peligro repentino que ha percibido.

Hay también ciertos momentos en los que el perro no quiere que lo molesten en absoluto, por ejemplo mientras come. Puede ocurrir que cometamos el error de intentar quitarle el cuenco mientras está comiendo, aunque sea solo para añadir más comida. El perro interpreta esta actitud como un ataque directo, como si estuviéramos intentando robarle la comida, su fuente de sustento; también en este caso el error es nuestro y su reacción volverá a ser instintiva.

Qué hacer si tenemos un perro que muerde a su dueño

¿Cómo enseñarle al perro a no morder? Hay algunas medidas que podemos tomar para evitar que nuestro perro nos muerda; la primera de todas es controlar nuestra propia actitud. Nunca debemos olvidar que nuestro adorado perro, ese que nos mira con amor incondicional en los ojos, sigue siendo un animal, y por ello es fundamental enseñarle a convivir con nosotros. Como primer paso, no permitamos jamás que nos intimide: nosotros somos los dueños y él es nuestro fiel amigo, que debe obedecer y respetar; a cambio, recibirá todas nuestras muestras de cariño y todo el amor posible.

Enseñemos a nuestro perro a relacionarse con personas desde cachorro; es importante que se sienta parte de la manada y no tenga miedo de los extraños. Intentemos no adoptar una actitud demasiado agresiva con nuestro perro cuando hace algo mal; ya todos sabemos que la violencia genera más violencia. Pero no cometamos el error de hacerle creer que todo le está permitido: si su manera de jugar se vuelve demasiado agresiva, dejemos de jugar con él para que entienda que está actuando mal. No lo molestemos mientras come ni mientras el perro duerme; si bien es cierto que debemos exigir su respeto, también es cierto que estamos obligados a respetarlo a él. Un perro no es un peluche al que abrazar cada vez que nos apetece; es un ser vivo con un corazón y un carácter, y eso hay que tenerlo en cuenta.

Perro desobediente o agresivo

Si nuestro perro es por lo general desobediente o agresivo, podría deberse a algo que le ocurrió de pequeño; no tengamos reparos en pedir ayuda a quienes han hecho de la educación canina un trabajo de verdad. Criémoslo utilizando los mismos criterios que se aplican para criar a un hijo: démosle muchísimo amor pero también normas que respetar; no olvidemos nunca la jerarquía del hogar y asegurémonos de que él tampoco la olvide. No le peguemos, nunca. Bajo ninguna circunstancia. El amor genera amor, las normas generan disciplina, un perro bien educado genera felicidad.