El gato, heredero de los felinos del desierto, bebe instintivamente poco y tiende a la deshidratación: un problema serio para sus riñones. Estos cubitos de caldo de pollo son una forma sencilla e ingeniosa de aportarle más líquidos, sin forzarlo. Puedes disolver uno tibio sobre sus croquetas para hacerlas más apetecibles, u ofrecerlos ligeramente derretidos como snack fresco en los días de calor.
Ingredientes
- 2 muslos de pollo con hueso (más sabrosos y ricos en gelatina)
- 800 ml de agua
Procedimiento
- Enjuaga los muslos de pollo y ponlos en una olla con el agua, sin sal ni cebolla, ajo ni caldo en pastilla.
- Lleva a ebullición suave, espuma la superficie y luego cocina tapado a fuego lento durante 60 minutos.
- Apaga el fuego, cuela el caldo con un colador fino y deja enfriar. Recupera la carne del hueso para otras recetas (elimina con cuidado todos los huesecillos).
- Cuando el caldo esté frío, retira la capa de grasa que se forma en la superficie.
- Vierte el caldo en moldes para cubitos de hielo y congela.
Notas
Fundamental: nunca se le debe dar al gato ningún hueso cocido, porque se astilla. El caldo debe ser muy sencillo, solo pollo y agua, sin sal ni aromas tóxicos como la cebolla y el ajo. Desgrasar el caldo lo hace más ligero. Estos cubitos son un complemento hidratante, no una comida: la hidratación principal sigue siendo el agua fresca siempre disponible y, si es posible, la alimentación húmeda.
Conservación
Los cubitos se conservan en el congelador en una bolsa cerrada hasta 3 meses. Descongela un cubito cuando lo necesites y sírvelo tibio o recién derretido: nunca lo calientes a temperaturas elevadas antes de dárselo al gato.